Melena al viento es lo que toca en estos días. Que no hay frío que pare ni situaciones que frenen. Comerse el mundo desde el minuto cero de cada día y sonreír. Que no hay mejor medicina que una sonrisa, ni mejor predisposición que la de querer ser feliz.
Vivir el día a día con ganas de comerse el mundo. Escuchar una canción y subir al máximo el volumen, dejarte llevar.
Recorrer mundo, descubrir nuevos lugares, conocer personas accidentalmente que acaban ayudándote y haciendo de guías turísticas. Una experiencia única que se la recomiendo a todo el que quiera. Siempre supe que viajar era una de mis pasiones, que el idioma no es barrera cuando hay intención y un diccionario en el bolso. Mil historias en diferentes rincones de muchas ciudades. Viajes de amigas y viajes con amor.
El post de hoy es sobre mi viaje a Varsovia de hace un par de semanas. Temperaturas bajas y un viento increíble al igual que unas ganas inmensas de perderme en el encanto de esa ciudad. Escogí vaqueros de ZARA, abrigo de SUITEBLANCO y mis HUNTER que no podían faltar. Un paseo por la antigua ciudad llena de encanto e historia. Edificios restaurado y calles maravillosas. Un café en Rynek y una visita obligada a la tumba del soldado desconocido.
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